TejasArriba.org por Calixto
Del amor y la dicha
Un mensaje con sabor a Evangelio
Los infinitivos del amor
Del amor y la dicha
Un hábitat para el amor

 

Los infinitivos del amor

Los infinitivos del amor - Por Calixto

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Un hábitat para el amor

La felicidad debiera ser obligatoria,
desde el primer día de la vida hasta los trece años.
Los brazos de una madre,
la presencia de un padre,
la sabiduría de un abuelo,
el desafío de unos hermanos,
la luz que nos regala una ventana,
el calor tibio que llega desde la cocina.
El murmullo de la agua,
los pájaros, los árboles,
un camino que nos invita a ir más allá,
el asombro al descubrir un nido.
Los ruidos de la noche,
los cuentos infantiles con sus personajes y sus mitos,
caminar descalzo sobre la hierba húmeda,
los misterios del fuego y de la luna,
distinguir por su nombre las estrellas,
haber escuchado el silencio.
Gozar de amigos y parientes,
saber que la vecina conoce nuestro nombre,
ser dueño de un trompo, una cometa y de las frutas ajenas.
Frecuentar la casa de los pobres,
defender un lugar propio en la mesa familiar,
hacer falta, no tener reloj.
Haber perdido un amigo,
alguna experiencia de la muerte y muchas de la vida,
haber aprendido a rezar.
No poder comprar todavía esos patines,
usar en compañía juguetes, cartillas y cajas de colores.
Sentirse incomprendido,
llorar alguna vez un desengaño,
padecer dolores de crecimiento,
ser amado como si fuera la cosa más natural del mundo,
y como consecuencia amarse a sí mismo...
Todo esto constituye el hábitat del amor.
Para quienes han crecido allí
todos los días del año son días del amor y la amistad.
Porque “lo bueno de vivir
es que sólo se pierde lo que no se ha tenido.
Lo que uno fue ya lo será para siempre”.

Calixto

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