TejasArriba.org por Calixto
El camino de la luz
Un mensaje con sabor a Evangelio
Vía Lucis
I Estación
II Estación
III Estación
IV Estación
V Estación
VI Estación
VII Estación
Cristo Resucitado
VIII Estación
IX Estación
X Estación
XI Estación
XII Estación
XIII Estación
XIV Estación
XV Estación

Vía Lucis

El Vía Crucis rememora aquel itinerario del Señor, desde el prendimiento en el huerto de Getsemaní, hasta su muerte en la cima del Calvario. Pero al recordar la pasión de Jesús, nos quedamos anclados en los dolores y en la muerte de Jesús, muy lejanos quizás de su triunfo y su gloria.

Por esta razón, hemos querido orientar esta devoción hacia la mañana de la Resurrección, llamándola el Camino de la Luz.

Nota: Hace algunos años el papa Juan Pablo II sugirió ajustar esta práctica piadosa a los textos del Evangelio. Por esta razón se han cambiado algunos elementos del texto tradicional.

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I Estación

Jesús en el huerto de Getsemaní

Del Evangelio según san Lucas (22, 39-46).

Jesús salió y se dirigió, como de costumbre, al Monte de los Olivos. Los discípulos lo siguieron. Cuando llegaron a ese lugar, les dijo: Orad, para no exponeros a la tentación.

Y se separó de ellos a distancia como de un tiro de piedra, se arrodilló y empezó a orar diciendo: ¡Padre, por favor, no me hagas pasar este trago amargo! Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya. Entonces se le apareció un ángel del cielo para darle fuerzas. Y se apoderó de él una angustia mortal, pero él hacía oración con más intensidad. Y su sudor era como gotas de sangre que caían hasta el suelo.

Cuando terminó de orar, fue a donde estaban los discípulos y los encontró dormidos en su tristeza. Entonces les dijo: ¿Por qué estáis durmiendo? Levantaos y orad, para no exponeros a la tentación.

Reflexión

Primer problema de Adán en el paraíso: La soledad. Y nos pasamos la vida luchando contra ella de todos modos, hasta que la muerte nos sorprende también solos.

Te has retirado, Señor, a orar y tus amigos se dejaron vencer por el sueño. Allí estás en el huerto, solo con tu soledad. Solamente acompañado por tu angustia y tu confianza en el Padre: Abbá, si es posible, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.

Me sorprende un Dios tan humano. Igual a mí en todo diría san Pablo, menos en el pecado. El Maestro tiene pavor ante la muerte. Pero a la vez, un Dios así alienta mi esperanza.

Que yo sienta tu presencia cuando me agobian tantas soledades y los miedos me destrozan el alma.

Cántico

Yace el divino dueño por tierra derribado,
el cáliz ha aceptado por nuestra redención.
Oh pecador ingrato, mira a tu Dios rendido,
ven a llorar herido de humilde contrición.

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II Estación

Jesús, traicionado por Judas, es arrestado

Del Evangelio según san Lucas ( 22, 47-53).

Estaba Jesús hablando cuando llegó un tropel de gente. Uno de los Doce, que se llamaba Judas, iba delante de ellos y se acercó a dar un beso a Jesús. Pero Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre? Los que estaban con Jesús, viendo lo que iba a suceder, le dijeron: Señor, ¿atacamos con las espadas?

Y uno de ellos atacó al sirviente del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha. Pero Jesús replicó: ¡Basta! ¡Ya no más! Y le tocó la oreja y lo curó. Entonces les dijo a los sumos sacerdotes, a los oficiales del templo y a los ancianos que habían ido a buscarlo. ¿Venís con espadas y palos contra mí, como si yo fuera un bandido? Diariamente estaba con vosotros en el templo y no me detuvisteis. Pero ésta es vuestra hora, cuando imperan las tinieblas.

Reflexión

“Amigo, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?”.

Nueve palabras que encierran una doble tragedia: La del corazón humano, capaz de traicionar a su Señor. La de tu amargura ante el apóstol que, por dinero, te entrega al enemigo.

¡Tanta gente que sigue comerciando con la inocencia ajena! Los que fabrican armas, o se enriquecen a costa de la droga. Quienes aquí y allá promueven la violencia contra los más débiles. Aquellos que en las instituciones o en la política, mienten todos los días en favor de sus propios intereses.

“Amigo”, es tu palabra que pretende cambiar a Judas. “Amigo”, vuelve Dios a decirle.

Señor Jesús: Fortalece mi amistad contigo, líbrame de toda ambición y cobardía.

Cántico

Por la traición de Judas, Jesús es arrestado;
así desde el pecado nos alza a la salud.
¿Mortales qué otro exceso pedimos de clemencia?
No más indiferencia no más ingratitud.

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III Estación

Jesús es condenado por el Sanedrín

Del Evangelio según san Lucas (22, 54. 63-71).

Pusieron preso a Jesús y se lo llevaron a la casa del sumo sacerdote. Los hombres que tenían preso a Jesús empezaron a burlarse de él y a golpearlo; le tapaban los ojos y le preguntaban: “Profeta, adivina quién fue el que te golpeó”. Y lo injuriaban diciéndole muchas otras cosas.

Cuando amaneció, se reunió el senado del pueblo, es decir, los sumos sacerdotes y los escribas y lo llevaron al lugar donde se reunían y le dijeron: “Si tú eres el Mesías, dínoslo”.

Él les respondió: “Si os lo digo, no me vais a creer; y si yo os pregunto, no me vais a responder. Pero de ahora en adelante estará el Hijo del hombre sentado a la derecha de Dios Todopoderoso”.

Todos le preguntaron: “Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?” Él les respondió: “Vosotros mismos decís que sí”. Ellos replicaron: “¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su propia boca”.

Reflexión

Abundan los sinónimos: Decimos reo, criminal, delincuente, condenado. Y todo eso eras tú, Señor, aquel día, ante el sanedrín que pedía tu muerte. Fue mayor entonces aquel dolor interior que sabía a traición, a ruina, a fracaso.

Comprendo tu derrota, porque a veces también me he sentido rechazado. Por muchos de los que me rodean y de pronto también por mi conciencia. Yo era uno de los que no tienen remedio. Que ya no tienen motivos para la más elemental esperanza.

Entonces me animó saber que sólo Dios sabe de justicia, porque Él es justo por esencia. Me ayudó recordar que tu condena fue la salvación de todos. Y aprendí a llevar mi cruz de cada día y a morir lentamente, para alcanzar la vida eterna.

Cántico

Por mí, Señor, inclinas el cuello a la sentencia,
que a tanto la clemencia pudo llegar de Dios.
Oye el pregón, oh Madre, llevado por el viento
y al doloroso acento ven del amado en pos.

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IV Estación

Jesús es negado por Pedro

Del Evangelio según san Lucas (22, 54-62).

Pedro iba siguiendo a desde lejos a los hombres que llevaban preso a Jesús. En medio del patio hicieron fuego y se sentaron. Pedro se sentó entre ellos.

Y cuando una sirvienta lo vio sentado junto al fuego, se quedo mirándolo fijamente y dijo: “Éste también andaba con él”. Pero Pedro lo negó diciendo: “¡Mujer, ni siquiera lo conozco!” Poco después lo vio otro y dijo: “Tú también eres de esa gente”. Pero Pedro dijo: “¡Hombre, que no soy!” Y como una hora más tarde otro siguió insistiendo: “Claro que este también andaba con ese hombre, pues también es galileo”. Y Pedro respondió: “¡Hombre, no sé de qué estás hablando!”.

Y en el mismo instante en que decía esto, cantó un gallo. El Señor se volvió, miró a Pedro y Pedro se acordó de lo que le había dicho el Señor: Que esa misma noche, antes que cantara el gallo, lo negaría tres veces. Y salió de allí y lloró amargamente.

Reflexión

Duele y golpea la traición del amigo. Y uno se pregunta: ¿Por qué? ¿En qué he fallado?

Jesús padeció idéntica experiencia. En la hora suprema, sus amigos lo abandonaron Pedro, el más cercano, quien lo miró transfigurado en la cima del Tabor, juró después que no le conocía, ante una empleada de servicio. Es tan versátil el corazón del hombre. Pero el Maestro lo volvió a llamar junto al lago, para confirmarlo en la fe, diciéndole: Apacienta, mis ovejas.

Señor, así como reconciliaste a Pedro, échame a mí también una cuerda de salvación.

Si alguien me ha abandonado, lo comprendo. Es tan endeble toda amistad humana. Pero ayúdame, Señor, a continuar amando y haciendo el bien, sin esperar recompensa.

Cántico

Oh noche cruel y oscura, cuando el amigo niega
al Salvador, que entrega su vida en oblación.
Perdón a tanta ofensa la gratitud pedía;
sana ya, Madre mía, mi ingrato corazón.

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V Estación

Jesús es juzgado por Pilatos

Del Evangelio según san Lucas (23, 1-16).

Todos los que estaban reunidos se levantaron e hicieron comparecer a Jesús ante Pilato. Y allí empezaron a acusarlo diciendo: “Hemos averiguado que este hombre está revolucionando nuestra nación; dice que no hay que pagar impuestos al emperador y que él es el Mesías y por consiguiente rey”.

Pilato entonces le preguntó: “¿Eres tú el rey de los judíos?” Él le respondió: “Tú mismo lo dices”. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la multitud: “Yo no encuentro en este hombre razón alguna para condenarlo”. Pero ellos insistían: “Anda por todo el territorio judío agitando al pueblo con sus enseñanzas. Comenzó en Galilea y ha llegado hasta aquí”. Pilato, al oír esto, preguntó si el hombre era galileo. Y cuando se enteró de que era súbdito de Herodes Antipas, se lo remitió, ya que también Herodes se encontraba por esos días en Jerusalén.

Herodes se alegró mucho de ver a Jesús, pues como había oído hablar de él, desde hacía mucho tiempo tenía deseos de conocerlo y esperaba verlo hacer algún milagro. Le hizo, pues, muchas preguntas, pero Jesús no le contestó nada. Los sumos sacerdotes y los escribas se quedaron allí acusándolo violentamente. Y Herodes lo trató con desprecio, lo mismo que sus soldados; le puso un manto reluciente para burlarse de él y lo remitió de nuevo a Pilato. Ese día se hicieron amigos Herodes y Pilato, que hasta entonces eran enemigos.

Entonces Pilato llamó a los sumos sacerdotes, a los jefes civiles y al pueblo y les dijo: “Vosotros me trajisteis a este hombre, alegando que alborota al pueblo. Pero yo lo interrogué delante de vosotros y en ninguna de las acusaciones que presentáis contra él he encontrado razón para condenarlo. Herodes tampoco, porque nos lo devolvió. Veo, pues, que no ha hecho nada por lo que merezca la pena de muerte. De manera que voy a castigarlo y después lo dejaré en libertad”.

Reflexión

El inocente es condenado a morir. A él, a Jesucristo, unimos todas nuestras inexplicables tragedias, buscando pacificar el corazón. Que no germine en nosotros el odio. No añadamos más dolor al océano que inunda la tierra.

No condenemos, a pesar de los males que nos hieren. Pongamos nuestras armas en las manos en las manos de Dios. El único sabio y justo. El único poderoso. El que puede leer en lo interior de cada ser humano.

Jesús sufre un juicio político. Al poder político nunca le interesan las pruebas de una condena, sino si el reo le incomoda. Lo demás sólo serán pretextos. Condenamos la verdad porque no se ajusta a nuestros intereses, la libertad porque no aceptamos a nuestros hermanos, la justicia porque nos da miedo perder nuestros derechos.

Haz, Señor, que como enseña José Luis Perales, queramos ser palomas antes que fieros cazadores.

Cántico

Está el divino Dueño ante el pretor juzgado;
deteste yo el pecado deshecho en contrición.
Oh Virgen, pide amante, que borre tanta ofensa
misericordia inmensa, pródiga de perdón.

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VI Estación

Jesús es flagelado y coronado de espinas

Del Evangelio según san Juan (19, 1-6).

Pilato se llevó a Jesús y lo hizo azotar. Además los soldados trenzaron una corona de espinas y se la pusieron en la cabeza y lo vistieron con un manto rojo. Y se le acercaban y le decían: “¡Viva el rey de los judíos!” Y le daban bofetadas. Entonces salió Pilato otra vez y les dijo a los judíos: “Mirad: Aquí os lo traigo. Quiero que os deis cuenta de que no encuentro en él razón para condenarlo”.

Y salió Jesús con la corona de espinas y el manto rojo. Pilato les dijo: “!Ahí tenéis al hombre!” Apenas lo vieron los sumos sacerdotes y los sirvientes, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!” Pilato les dijo: “Lleváoslo vosotros y crucificadlo. Porque yo no encuentro en él razón para condenarlo”.

Reflexión

Cada hora y cada día un dolor nuevo, una preocupación que nos tortura el alma. Y continúa la vida por áridos caminos, a dónde no se asoma la esperanza. ¿Vale la pena haber venido al mundo?

Muchos solucionan su conflicto vital por caminos erróneos, como el vicio, la violencia, la amargura sistemática, el suicidio.

Sin embargo, quienes creemos en Cristo tenemos otra visión de la historia, porque aprendimos a mirarla al trasluz, para adivinar también sus espacios iluminados.

Cada dolor es entonces un sendero para encontrar a Dios. Y cada herida, una condecoración que certifica nuestro valor en los combates de la fe.

Señor, enséñame a sufrir sin amargar a los demás. Despojado el corazón de toda angustia. Confiado solamente en tu amor.

Cántico

Tu imagen, Padre mío, ensangrentada y viva
mi corazón, reciba sellado con la fe.
Oh Reina, de tu mano imprímela en mi alma
y a la gloriosa palma contigo subiré.

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VII Estación

Jesús es cargado con la Cruz

Del Evangelio según san Juan (19, 16-17).

Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran. Se llevaron, pues, a Jesús. Y cargado con la cruz, salió de la ciudad hacia el llamado lugar de la Calavera o en hebreo Gólgota.

Reflexión

Pequeñas. Enormes. Honrosas. Humillantes. Momentáneas. Permanentes. Así son nuestras cruces. Las que nos resistimos a llevar. Esas cuyo valor tal vez no hemos descubierto.

Sin cruz es imposible vivir sobre la tierra. Lo dijo Tomás de Kempis. Pero ella se vuelve más liviana cuando la llevamos con amor. Cuando la convertimos en un puente, una escalera, un trampolín, para alcanzar a Cristo.

Conviene mirar alrededor: No somos ni los más doloridos. Ni tampoco los más crucificados.

Ayúdame Señor a llevar mi cruz cada día, con cariño e ilusión. Y también con elegancia. Sabiendo que el Señor va delante. Mirando siempre hacia la cima. Poniendo nuestros pasos sobre las huellas de sangre y de gloria de Cristo, el triunfador sobre el pecado y la muerte.

Cántico

Esconde, oh justo Padre, la espada de tu ira
y al monte humilde mira subir el dulce bien.
Y tú, Señora, gime cual tórtola inocente,
que tu gemir clemente le amansará también.

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VIII Estación

Jesús es ayudado por el cireneo a llevar la cruz

Del Evangelio según san Lucas (23, 26).

En el camino obligaron a un tal Simón de Cirene, que llegaba del campo, a cargar la cruz, para que la llevara detrás de Jesús.

Reflexión

Los egoístas somos multitud. Cubrimos toda la superficie de la tierra. Pero también es infinito el número de los cireneos. De quienes ayudan esforzadamente a los prójimos. Como Simón, el cual por accidente le puso el hombro a la cruz del Señor, camino del Calvario. El nos da ejemplo de disponibilidad para aliviar las cargas ajenas. De generosidad que no espera dividendos. Que no exige cita previa a quien nos necesita.

Jesús nos da lección de sencillez para aceptar ayuda de gente que parece menor. Porque en todos los niveles el dolor en compañía se divide y el triunfo, al compartirlo se multiplica.

Es hora de extender nuestra mano al necesitado, de poner el hombro para que las cruces ajenas pesen menos, de volvernos cireneos conscientes. Para que más hermanos caminen por caminos de nobleza y dignidad.

Cántico

Toma la cruz preciosa, me está el deber clamando.
Sé generoso cuando delante va el Señor.
Voy a seguir constante las huellas de mi dueño;
manténgame el empeño, Señora, tu favor.

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IX Estación

Jesús encuentra a las mujeres de Jerusalén

Del Evangelio según san Lucas (23, 27-31).

Lo seguía también un gran gentío y en especial mujeres que lo compadecían dándose golpes de pecho y lanzando lamentos. Jesús se volvió a ellas y les dijo: “Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí. Llorad, más bien, por vosotras mismas y por vuestros hijos, porque están para llegar días en que se dirá: “¡Felices las mujeres estériles y las que no han dado a luz ni han tenido que criar hijos!” Entonces la gente deseará que las montañas les caigan encima y que las colinas los sepulten. Porque si esto hacen con el árbol verde, ¿qué no harán con el seco?”

Reflexión

Mujer: Una hermosa palabra que contiene mil significados. Una remota historia femenina que comenzó desde las soledades del varón. Vio Dios que éste estaba solo y quiso darle una dulce y amable compañía. Porque mientras los hombres dictamos las leyes, las mujeres fabrican las costumbres.

También el dolor de Jesús, en el camino hacia el Calvario, recibe la presencia bondadosa de muchas hijas de Jerusalén. ¿Y para mí mujer qué significa? Ante todo quiere decir madre. Madre y mujer, dos palabras que sólo se diferencian por dos letras. Sin embargo, cuando el mal nos opaca la mente, mujer equivale a objeto, vedette, spot publicitario, sexo débil. Y también mercancía.

Sin embargo hombro a hombro, paso a paso, hombres y mujeres de hoy podremos construir desde el Evangelio, un mundo más limpio. Más hermosos y feliz.

Señor, purifícanos la mente y el corazón.

Cántico

Matronas doloridas que al justo lamentáis
¿por qué si os lastimáis la causa no llorar?
Y pues la cruz le dimos todos los delincuentes,
broten los ojos fuentes de angustia y de pesar.

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X Estación

Jesús es crucificado

Del Evangelio según san Juan (19, 18-30).

Cuando llegaron al lugar de la Calavera crucificaron allí a Jesús y con él a otros dos: Uno a cada lado y Jesús en el centro. Pilato además mandó escribir un letrero para ponerlo encima de la cruz. Lo que estaba escrito era: “Jesús de Nazaret, rey de los judíos”.

Como el sitio donde Jesús fue crucificado estaba cerca de la ciudad y el letrero estaba escrito en hebreo, latín y griego, muchos judíos lo leyeron. Pero los sumos sacerdotes de los judíos le dijeron a Pilato: “No debieras haber escrito “El rey de los judíos”, sino “Dijo que era el rey de los judíos”“. Pilato respondió: “Lo que escribí, escrito queda”.

Los soldados, después que crucificaron a Jesús, se apoderaron de su ropa y la dividieron en cuatro partes, una para cada soldado y se quedaron también con su túnica. Y como no tenía costuras, sino que estaba tejida de una sola pieza, se dijeron: “No la rasguemos; más bien echémosla a suerte, para ver a quién le toca”. Así debía cumplirse lo que dice la Escritura: “Se repartieron mi ropa y echaron a suerte mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados.

Reflexión

Las cruces nos persiguen. Nos doblegan. Algún día vencemos una de ellas, pero enseguida otra más pesada nos aplasta. Una tarde las arrojamos todas al mar. Y a la siguiente mañana están allí, atormentando nuestros hombros, obstinadas, crueles, agobiantes.

Parece que el único remedio es aceptar la cruz. Dejarnos clavar en ella mansamente. Como lo hizo el Señor. Entonces ya no la soportamos. Ella nos soporta. Nos fija en un lugar. Pero a la vez nos alza de la tierra, invitándonos a mirar - con ojos muy abiertos - todo el panorama del mundo.

Jesús se convierte en el centro de un macabro espectáculo. El golpe de los martillos, los clavos, los lamentos de los piadosos son un cuadro de violencia y crueldad. Pero aquel leño de la cruz se convierte en signo segur de vida y redención.

Cántico

El manantial divino de sangre está corriendo;
ven pecador, gimiendo, ven a lavarte aquí.
Misericordia imploro al pie del leño santo,
Virgen, mi ruego y llanto acepte Dios por ti.

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XI Estación

Jesús promete su Reino al buen ladrón

Del Evangelio según san Lucas (23, 39-43).

Uno de los malhechores crucificados lo insultó diciendo: “¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros”. Pero el otro lo reprendió diciéndole: “Sufriendo la misma pena que él ¿no tienes temor de Dios? Nosotros la sufrimos justamente, porque recibimos el castigo merecido, pero él no ha hecho nada malo”. Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Él le respondió: “Yo te aseguro: Hoy estarás conmigo en el paraíso”.

Reflexión

Tal vez haya un patrón, un protector en el cielo para quienes ya perdimos la esperanza. Para los fracasados definitivamente, los triturados por el odio, los neuróticos empedernidos, los enfermos terminales.

Sí lo hay. Aquel ladrón que agonizaba junto a Jesús, cuando ya la tierra se negó a soportarlo.

Pero este salteador de caminos, desde sus escombros, echó a volar al cielo su esperanza, como una paloma mensajera: “Jesús, acuérdate de mí cuando estés en tu reino”. Y el Señor le responde: “Hoy estarás conmigo en el paraíso.” Cuatro palabras de seguridad, explicará san Agustín. Hoy Dimas nos aguarda en ese Reino reconstruido por la muerte y resurrección del Maestro, donde se nos acoge a los arrepentidos.

Cántico

Para el ladrón que llora su culpa, están las puertas
del paraíso abiertas; te espera Dios allí.
Levántame a tus brazos, oh bondadoso Padre,
ve de la tierna Madre llanto correr por mí.

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XII Estación

Jesús en la Cruz, su madre y el discípulo

Del Evangelio según san Juan (19, 25-27).

Junto a la cruz de Jesús estaban también su madre, la hermana de su madre, María de Cleofás y María Magdalena. Al ver a su madre y cerca de ella al discípulo que él tanto amaba, Jesús le dijo: “Mujer, este es tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Esta es tu madre”. Y desde aquel momento el discípulo la recibió como su propia madre.

Reflexión

Frente a tanto dolor, una mirada amable y compasiva. Nuestra Señora - al fin y al cabo mujer - y madre siempre, estaba allí. Sin nimbo ni aureola. Sólo como alguien inocente, arrastrado también por la borrasca.

Junto a mi cruz. Muy cerca de mi viacrucis, también se encuentra Ella. “Madre a un tiempo del reo y del juez”, le decía una vieja canción religiosa. Porque detrás de cada desastre hay un dolor limpio. Dolor que sabe a salvación. Martirio que redime.

Los cristianos no somos nunca huérfanos: Descubrimos en nuestro entorno a la Madre de Jesús que a la vez es la Madre de la Iglesia. Aquella que anhelamos encontrar con los brazos abiertos, en el umbral de la muerte.

Cántico

Cercadla, serafines, no acabe en desaliento,
no muera en el tormento la rosa virginal.
Oh acero riguroso, deja tu pecho amante,
vuélvete a mí cortante que soy el criminal.

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XIII Estación

Jesús muere en la Cruz

Del Evangelio según san Lucas (23, 44-49).

Era alrededor del mediodía. El sol dejó de brillar y se oscureció toda la tierra hasta las tres de la tarde. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús, con voz potente, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y dicho esto expiró.

El centurión, al ver lo sucedido, dio gloria a Dios diciendo: “Este hombre era de veras inocente”. Y toda la muchedumbre que había acudido a semejante espectáculo, al ver lo que había pasado, regresaba dándose golpes de pecho. Todos los conocidos de Jesús se quedaron a distancia y de lejos miraban también las mujeres que lo habían acompañado desde Galilea.

Reflexión

Ese pensum humano, que el Maestro acepta por salvarnos, termina así: En la crucifixión. Cruz que equivale a deshonra. Fracaso total. Y el abandono de casi todos los amigos. Muerte que quiere decir naufragio. Muerte amarga, mucho más que las muertes de los mortales.

Pero como Jesús es Dios, aquellos poderes enemigos pudieron reinar solamente unas horas. Se aliaron con la noche, pero a la segunda mañana perdieron la batalla.

Todo cuanto se contagia de Dios puede eclipsarse un día, pero no muere definitivamente. Aviso para tantos hombres y mujeres cuya esperanza se derrumba, para cuantos creyeron que vivir en la tierra es un engaño. Un doloroso absurdo.

Aquel Padre presente en todas las horas de su Hijo, también lo está en este cruel momento, porque tiene poder de transformarlo todo.

Cántico

Muere la vida nuestra pendiente del madero.
¿Y yo cómo no muero de amor o de dolor?
¡Ay! Casi no respira la triste madre yerta.
Del cielo abrir la puerta bien puedes ya, Señor.

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XIV Estación

Jesús es colocado en el sepulcro

Del Evangelio según san Lucas (23, 50-56).

Llegó entonces un miembro del sanedrín, llamado José, originario de la ciudad judía de Arimatea, hombre recto y justo, que esperaba el reinado de Dios y no había estado de acuerdo con la decisión y con la conducta de los otros y fue a ver a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Y después de bajarlo, lo envolvió en una sábana y lo colocó en un sepulcro cavado en la roca, donde nadie había sido sepultado. Era víspera del sábado y brillaba ya el lucero de la tarde. Entonces las mujeres que habían acompañado a Jesús desde Galilea bajaron con José y vieron el sepulcro y la forma como colocaron el cuerpo y luego se retiraron a preparar perfumes y ungüentos. Y el sábado guardaron el descanso mandado por la Ley.

Reflexión

En comunión perfecta con la tierra de la cual fuimos hechos, Jesús grita un mensaje irrebatible: Nadie tiene amor mayor que quien da la vida por sus amigos.

De pronto, alguno de nosotros no se siente aludido. Porque nunca sintió aquella seguridad dulce y fuerte de ser amigo de Dios. Entonces que comprenda algo más: Jesús rompió la marca que se propuso un día, al entregar su vida por quienes se creen sus enemigos. Por cuantos se defienden de su amor con una cruel indiferencia, con un ingrato olvido.

Cristo al ser encerrado en el sepulcro se entierra en el silencio de la tumba, la cual es antesala de su triunfo. Dormido allá, estremece con su vigor toda la tierra.

Que Jesús nos despierte del prolongado aturdimiento donde nos ha confinado el egoísmo. Donde morimos por no morir por El.

Cántico

Al Rey de las virtudes pesada loza encierra,
pero feliz la tierra ya canta salvación.
Sufre un momento, Madre, la ausencia del amado;
presto de ti abrazado tendrásle al corazón.

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XV Estación

Jesús se alza glorioso del sepulcro

Del Evangelio según san Lucas (24, 1-6).

El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado. Encontraron removida la piedra del sepulcro y entraron, pero no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Ellas no sabían qué pensar de todo esto, pero de repente se les presentaron dos personajes con vestiduras relumbrantes. Como las mujeres no se atrevían por temor a levantar la vista del suelo, ellos les preguntaron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que esta vivo? No está aquí, resucitó.

Reflexión

“Todo está consumado” ha dicho el Señor. Y muchos discípulos sintieron que todo había terminado para ellos. Le habían entregado a Jesús sus vidas y sus aspiraciones.

Pero al tercer día, todo empieza a vestirse de luz y a transformarse. Las mujeres lo vieron. Era Él mismo, aunque ya era distinto. Los apóstoles comieron con Él. Unos discípulos que regresaban a Emaús, lo descubrieron al compartir el pan.

Y hoy nosotros elevamos nuestra fe, desde las vendas y el sudario que Juan vio en el sepulcro, hacia un convencimiento indestructible: Jesús ha resucitado de entre los muertos.

Si Cristo ha resucitado, no es vana nuestra fe. Nunca será vacía nuestra esperanza. Y continúa habiendo razones para amar y para confiar en el Señor.

Cántico

Al Dios que se hizo hombre la tumba ya no encierra;
alégrase la tierra, bañada en redención.
Jesús, el gran Viviente regresa hasta la gloria,
¿dónde está tu victoria, oh muerte y tu aguijón?

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